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12 may 2014 Pasado

No te creas lo que ves

Lo interesante sucede bajo la mesa. Harry tiene un pie, embutido en un calcetín cortado, fuera del zapato y con sus dedos mueve una campana, mientras el otro hombre tiene su pie encima del zapato vacío aunque a él ese detalle se le escapa.

Houdini desvelando los trucos de los espiritistas durante una sesión en Nueva York, 1925. MOMA



Houdini desvelando los trucos de los espiritistas durante una sesión en Nueva York, 1925. MOMA

Dos hombres se sientan uno frente al otro. Mientras el de la izquierda mira fijamente al contrario, el de la derecha se encuentra ensimismado mirando sus manos atrapadas debajo de las de Houdini, en una teórica sesión de espiritismo. Pero lo interesante sucede bajo la mesa: Houdini tiene un pie, embutido en un calcetín cortado, fuera del zapato y con sus dedos mueve una campana, mientras el otro hombre tiene su pie encima del zapato vacío aunque a él ese detalle se le escapa. Harry Houdini, el gran ilusionista y escapista húngaro, dedicó la última parte de su carrera a una faceta muy especial: ser el azote de los espiritistas.

Los avances en las ciencias, la electricidad y el cambio de siglo habían producido un resurgimiento de lo paranormal, las nuevas invenciones eran todavía poco entendidas por el gran público y por ello misteriosas y fascinantes. En salones de espectáculos médiums y espiritistas hacían su negocio “contactando” con el más allá. Houdini nunca había creído en el espiritismo y se mostró especialmente irritado cuando una médium intentó contactar con el espíritu de su madre, fallecida años atrás. Cuando la médium transcribió el “mensaje literal” que había recibido, Houdini reveló que difícilmente podía ser en verdad su madre: el mensaje estaba en inglés, mientras que su madre solamente hablaba una mezcla de alemán, húngaro y yidish y además una cruz encabezaba el mensaje, pero su familia era judía. Indignado, juró entonces convertirse en un cruzado contra el espiritismo.

Obviamente médiums y espiritistas usaban trucos que difícilmente escaparían al escrutinio de un mago y Houdini armado con sus conocimientos, y a veces con disfraces, se presentaba en reuniones para desenmascarar los fraudes. Publicó artículos en la revista Scientific American, declaró contra el espiritismo ante el Congreso, hizo de cazafantasmas y dejó en ridículo a los creyentes de lo paranormal. Los premios que ofreció a quien demostrara tener habilidades sobrenaturales nunca fueron otorgados a nadie, pues sus engaños siempre eran descubiertos por el mago.

El final de la vida de Houdini se produjo en extrañas circunstancias. Ello, unido a su reciente lucha contra lo paranormal y un extraño reto que había planteado para después de su muerte, convirtieron su fallecimiento en algo tan interesante y misterioso como otros aspectos de su propia vida. En octubre de 1926, unos estudiantes universitarios de Montreal se dirigieron a Houdini mientras descansaba tras haber terminado uno de sus espectáculos. Uno de ellos le retó a recibir unos cuantos golpes en el abdomen, para comprobar si su resistencia física era tan legendaria como se decía. El mago aceptó sin miedo pero antes de que pudiera prepararse adecuadamente, recibió un primer puñetazo muy fuerte de un pelirrojo llamado William Lances, el cual era la estrella de boxeo de la universidad y del que apenas se tienen datos; a éste primer golpe siguieron varios más. El mito dice que si bien Houdini aguantó el envite como un buen actor, estos golpes le generaron una rotura de apéndice que ya estaba inflamado, por lo que también se ha de aceptar la posibilidad de que simplemente recibiera los golpes y en los siguientes días su apendicitis se transformara en peritonitis. Por su carácter, Houdini quiso seguir trabajando durante los días siguientes a pesar de padecer fuertes dolores y fiebre. Finalmente sufrió dos desmayos en una actuación y fue hospitalizado. Tras varios días luchando contra la enfermedad, en la madrugada del 31 de octubre de 1926, Houdini fallecía a sus cincuenta y dos años. Los médicos emitieron un informe en el que indicaban una peritonitis como causa de la muerte.

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