Close

Not a member yet? Register now and get started.

lock and key

Sign in to your account.

Account Login

Forgot your password?

Vapear es un estilo de vida

4 ene 2012 Pasado

Esta casa es mía

Martin Luther King: “la desobediencia civil está justificada frente a una ley injusta y cada uno tiene la responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas”

Trabajadores migratorios en los campos de Abilene. Texas, 1936. Libreria del Congreso


Trabajadores migratorios en los campos de Abilene. Texas, 1936. Dorothea Lange. Librería del Congreso

Desde el comienzo de la crisis, hace cuatro años, se han ejecutado mas de 300.000 hipotecas. En los nueve primeros meses del año 2011 se han registrado 42.879 desahucios, una cifra muy superior a los 34.459 del mismo período de 2010, según la estadística del Consejo General del Poder Judicial. Lo mas significativo es que el aumento es del 20%, aproximadamente, respecto al año 2010, cuando también había aumentado un 41% en relación con el año anterior. Debido a que, en líneas generales, lo último que dejan de pagar las familias es la vivienda habitual, todo hace pensar que estas situaciones de desahucio, a pesar de las cifras, no han hecho más que empezar.

Según palabras de Carlos Guerrero, representante de MAB Legal Corporate: “Una ejecución hipotecaria es lo más injusto que hay. El margen para oponerse a un desahucio es prácticamente nulo y por eso, apenas hay un par de sentencias a favor del denunciado de los cientos de miles de ejecuciones que se han producido. Y éstas ni siquiera han frenado la ejecución, sino únicamente el reclamo de la deuda posterior. La ley no está adaptada a la realidad social y está pensada para una situación económica diferente.”

El procedimiento es un rodillo imparable, aunque puede tardar hasta 18 meses hasta que se produce la subasta y el desahucio. Las subastas quedan desiertas ya que nadie quiere los pisos. Por ello, el banco se adjudica el bien por un valor ridículo y reclama al denunciado todo el resto de la deuda, más los intereses y costas judiciales. Muchas familias no solo acaban en la calle, sino condenadas a la exclusión social y expulsadas para siempre del sistema bancario, puesto que cualquier ingreso o bien futuro será para el banco. Este imparable ascenso de los procedimientos de desahucio en España ha tenido como respuesta una importante movilización social que pide la paralización de los desahucios y que la vivienda deje de ser un negocio, para pasar a ser un servicio público. La legislación hipotecaria debería modificarse para que contemple la regulación de la dación en pago (entrega de la vivienda para cancelar la deuda en su totalidad) con carácter retroactivo y que el Estado gestione los millones de viviendas vacías que existen y las dedique a alquiler social.

Ilustramos este post con imágenes detalladas de otras graves crisis del pasado, como la Gran Depresión, para recordar antiguos errores e intentar aprender de ellos.

Policías custodiando un banco en quiebra, de Nueva York. Libreria del Congreso


Policías custodiando un banco en quiebra, de Nueva York. George Grantham Bain. Librería del Congreso

La inexistencia en Estados Unidos, durante la Gran Depresión, de un sector bancario fuerte de ámbito nacional y la quiebra inicial de algunos bancos hizo que la crisis bancaria se extendiera por todo el país, multiplicando los efectos de la depresión económica. En 1929 habían quebrado cuarenta bancos, en 1931 eran más de dos mil. La quiebra bancaria paralizó la inversión, redujo drásticamente la producción industrial a la mitad y cerca de cien mil empresas cerraron sus puertas.

Linea de sopa durante la Gran Depresión. Washington, 1929. Life


Personas sin recursos recibiendo un plato de sopa durante la Gran Depresión. Washington, 1929. Life

Debido a la quiebra de los bancos nueve millones de cuentas bancarias se evaporaron en el aire y el dinero de esas cuentas se perdió para siempre, dejando a miles de familias sin recursos.

Un aparcero desalojado entre sus bienes en New Madrid County. Missouri, 1939. Libreria del Congreso


Un aparcero desalojado entre sus bienes en New Madrid County. Missouri, 1939. Arthur Rothstein. Librería del Congreso

El 10 de enero de 1939, en la región de Bootheel del sureste de Missouri, 1700 familias de aparceros recibieron notificaciones de desalojo y tuvieron que abandonar las tierras. Como resultado de la mecanización de la agricultura ya no hay necesidad de tener docenas de arrendatarios agrícolas, trabajando y viviendo en los campos, ya que unos pocos hombres como jornaleros asalariados y con maquinaria moderna podían realizar el mismo trabajo. El contrato de aparcería de una finca rústica encarga a una persona física (cesionario aparcero) la explotación agrícola de dicha finca a cambio de un porcentaje en los resultados y, generalmente, conlleva un derecho de habitación a favor del aparcero sobre un inmueble sito en la finca. Al ser desalojado, no solo perdía su trabajo sino también su vivienda.

Una familia sin hogar caminando por la carretera en Phoenix. Arizona, 1939. Libreria del Congreso


Una familia sin hogar caminando por la carretera en Phoenix. Arizona, 1939. Dorothea Lange. Librería del Congreso

Una familia sin hogar caminando por la carretera en Phoenix, Arizona. Piensan llegar a San Diego, donde vivieron hace tiempo, para obtener alguna ayuda o trabajo.

La migración de la familia Thomas, lista para partir hacia California, 1939. Libreria del Congreso


La migración de la familia Thomas, lista para partir hacia California, 1939. Russell Lee. Librería del Congreso

La familia Thomas dispuesta para partir en emigración hacia California. En la parte trasera de la camioneta se encuentra Ruby, de 13 años, con su tía Viola. Sentados en la parte delantera, podemos ver a Tommy y Frank. Fuera de cámara se encuentra el resto de la familia, Elmer y su esposa Edna. La familia llegó a Bakersfield, California, y pudieron establecerse tras muchos esfuerzos. El perro también sobrevivió.

Esperando a que abran las puertas del Alojamiento Municipal, en Nueva York. Libreria del Congreso


Esperando a que abran las puertas del Albergue Municipal, en Nueva York. George Grantham Bain. Librería del Congreso

Las dependencias para el alojamiento de la Beneficencia Pública municipal, en Nueva York, abrieron sus puertas en febrero de 1909 después de cuatro años de construcción, aunque la primera casa de hospedaje municipal ya existía en el año 1895, en un barco amarrado al pie de la calle East 26. En la fotografía, multitud de personas están esperando a que se abran las puertas del Albergue Municipal.

Antes de pasar al dormitorio los alojados son obligados a pasar por las duchas. Albergue Municipal de Nueva York. Librería del Congreso


Antes de ir a los dormitorios los alojados deben pasar por las duchas. Albergue Municipal de Nueva York. George Grantham Bain. Librería del Congreso

Todos los admitidos para el alojamiento, en el Albergue Municipal de Nueva York, eran obligados a desvestirse y después de tomar un baño podían pasar a sus habitaciones. Las chapas que cuelgan alrededor de sus cuellos contenían el número que identificaba las etiquetas numeradas en su ropa, sometidas a fumigación.

Dormitorio para hombres. Albergue Municipal de Nueva York. Librería del Congreso


Dormitorio para hombres. Albergue Municipal de Nueva York. George Grantham Bain. Librería del Congreso

Las ropas eran colocadas en cajas para ser fumigadas completamente, en los sótanos del albergue. Cuando los hombres se levantaban por la mañana sus ropas estaban totalmente limpias. El tifus era un problema grave en aquella época, así como las enfermedades transmitidas por piojos y demás parásitos.

Grupo de personas esperando en la cola para recibir sopa y pan. Vintage vivant


Grupo de personas esperando en la cola para recibir sopa y pan, durante la Gran Depresión. Vintage vivant

Grupo de personas esperando en la cola para recibir sopa y pan donada por organizaciones caritativas para ayudar a personas sin empleo. Siempre es sorprendente ver como en una situación tan difícil los hombres iban convenientemente afeitados e impecablemente vestidos.

Una madre emigrante con sus hijos en un campamento de Nipomo. California, 1936. Librería del Congreso


Una madre emigrante con sus hijos en un campamento de Nipomo. California, 1936. Dorothea Lange. Librería del Congreso

Una madre emigrante con sus hijos en un campamento de Nipomo, California, en 1936. La madre también aparecía retratada en otro fotografía que se hizo famosa como símbolo de la época de la Gran Depresión y en 1970 fue identificada como Florencia Owens Thompson, que murió en el año 1983.

Thomas Cave, trabajador desempleado de la madera, con su esposa. Oregon, 1939. Librería del Congreso


Thomas Cave, trabajador desempleado de la madera, con su esposa. Oregon, 1939. Dorothea Lange. Librería del Congreso

Thomas Cave, trabajador desempleado de la madera, con su esposa, cerca de West Stayton en Oregón, en busca de trabajo en la cosecha de frijoles. Es increíble ver que a pesar de la situación en la que se encuentran, van bien aseados y parecen felices. Thomas lleva tatuado en el brazo su número de la seguridad social.

Una familia de trabajadores ambulantes de la remolacha, en Colorado. Librería del Congreso


Una familia de trabajadores ambulantes de la remolacha, en Colorado. Lewis Wickes Hine. Librería del Congreso

El carro de una familia de trabajadores ambulantes de la remolacha, acampado cerca de Fort Collins en Colorado. Los niños trabajan al igual que sus padres y no van a la escuela, para ayudar a la economía familiar.

Escena callejera en New Orleans. Louisiana, 1935. Libreria del Congreso


Escena callejera durante la Gran Depresion, en New Orleans. Louisiana, 1935. Walker Evans. Libreria del Congreso

Fuentes: El Pais, Plataforma de afectados por la hipoteca.

Si te ha gustado este post también puede interesarte:

  • El carácter del deporte
  • 4 Inocentadas
  • Meseta de Baloven
  • Al borde del abismo
  • Entre animales