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21 may 2013 Pasado

El experimento Turbinlite

Un poderoso reflector aerotransportado, de nada menos que 2.700 millones de candelas, en el morro de cazas Douglas A-20 Havoc para eliminar cazas alemanes intrusos, durante la segunda guerra mundial, que en la práctica solo servía como un bonito objetivo brillante para los artilleros alemanes.

Ilustración del Havoc MkII Turbinlite. MPM



Ilustración del Havoc MkII Turbinlite. MPM

Cuando arreciaban las incursiones aereas nocturnas de la Alemania nazi sobre Inglaterra, durante la segunda guerra mundial, los británicos comenzaron a desarrollar equipo y técnicas de combate nocturno, algunas bastante ingeniosas, y entre ellas pocas con tan escaso éxito como el fracasado experimento Turbinlite de Helmore. El Turbinlite era un poderoso reflector de nada menos que 2.700 millones de candelas (2.7 Gcd), desarrollado por William Helmore, que se montaba en el morro de cazas Douglas A-20 Havoc (codificados como “Satélites”) de la RAF durante la primera parte de la Segunda Guerra Mundial. Estos aparatos debían iluminar objetivos para los cazas Hurricane (codificados como “Parásitos”) a los que debían acompañar, pero en la práctica solo servían como un bonito objetivo brillante para los artilleros alemanes.

Después del primer vuelo de un Havoc I Turbinlite pilotado por el teniente coronel Clouston. Brookcreek



Después del primer vuelo de un Havoc I Turbinlite pilotado por el teniente coronel Clouston. Brookcreek

El 22 de mayo de 1941 se formó la primera patrulla Turbinlite y en total se crearon diez escuadrones. El procedimiento de interceptación seguido por el caza “Satélite” y el “Parásito” era el siguiente: volaban en formación mientras el “parásito” recibía las instrucciones de los controladores terrestres y se encaminaba hacia el objetivo enemigo seguido por el “satélite”. A una distancia del blanco de unos 6,4 kilómetros, el radar Al del caza “satélite” se accionaba y permitía aproximarse hasta unos 460 metros del blanco, distancia desde la que avisaba a su “parásito” para que se preparara para el ataque mientras encendía el potente foco Turbinlite. Justo en ese momento, el “parásito” descendía unos 90 metros de altitud, metía motores y se acercaba a una distancia de 275 metros del objetivo para abrir fuego. En la práctica el Turbinlite sólo era útil bajo condiciones atmosféricas favorables ya que su iluminación se hacía demasiado difusa con ligeras nubes o mal tiempo y además el Havoc se demostró como demasiado lento para poder alcanzar a la mayoría de los intrusos alemanes. A pesar de todo persistieron en sus operaciones. La patrulla 1.452 perdió tres aviones en accidente (dos de ellos al colisionar un “satélite” con su “parásito”) y la patrulla 1.459 fue la única de todas ellas que consiguió obtener algún éxito cuando el 30 de abril de 1942 derribó un Heinkel He111 alemán. Durante las siguientes 16 semanas estos escuadrones realizaron no menos de 100 salidas operacionales, consiguiendo al menos once contactos con cazas alemanes pero no consiguieron derribar ningún avión enemigo. Después de casi 18 meses de estériles esfuerzos los escuadrones Turbinlite fueron disueltos, el 25 de enero de 1943, vencidos por sus escasos resultados y por la introducción de los radares SHF (Super High Frequency).

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